domingo, 6 de marzo de 2011

Error médico

Temas de ética médica (III).

Denuncia de ciertas prácticas asumidas por los médicos, que pueden ser consideradas contrarias a la moral médica.

El error médico

El error médico es más un tema de conversación que un concepto deontológico o legal.

El Código de Deontología Médica nombra específicamente el "error excusable" y, obviamente, acepta los posibles "errores cometidos", diferenciándolos de la negligencia y de la incompetencia profesional. Señala además que "Las faltas a la moral médica cometidas por ignorancia, negligencia, impericia o mala fe debidamente comprobadas, serán objeto de sanciones por parte de los Tribunales Disciplinarios de los Colegios de Médicos y por la Federación Médica Venezolana…"

La Ley de Ejercicio de la Medicina es mucho más precisa en la denominación de las posibilidades de sanción como "consecuencia de la acción, omisión, impericia, imprudencia o negligencia en el ejercicio profesional." Pero dice que sólo "La negligencia, la impericia, la imprudencia, serán investigadas por los Tribunales disciplinarios de los Colegios de Médicos."

Ambos códigos reconocen la negligencia, la imprudencia y la impericia, describen la "acción" y la "omisión" en la comisión o generación de hechos que ameriten sanción moral y/o legal (también penal) y aceptan la "ignorancia" y la "mala fe" como condicionantes de la responsabilidad del médico. Pero sólo el Código de Deontología Médica acepta el error, como "error excusable" y lo diferencia de la negligencia y de la incompetencia profesional.

¿Puede hablarse de error honesto?

Antes de entrar en el tema, es importante establecer una precisión semántica.
Siguiendo al Dr. Augusto León C. utilizaremos el término "malpraxis", que "designa cualquier forma de ejercicio inadecuado de una profesión."

Otro término clave, ya mencionado, es Negligencia que "indica descuido, omisión, falta de aplicación…" e "implica algo más que conducta descuidada o imprudente… y exige al médico el deber no solo de poseer la destreza requerida sino también de ejercerla en forma adecuada."

Resulta obvio que toda negligencia es malpraxis y que no necesariamente la mala práctica profesional tiene que ser negligente.

El Dr. A. León C., menciona en el mismo capítulo de la malpraxis y la negligencia, al error diagnóstico o terapéutico y los engloba en el concepto de "error honesto" (diagnóstico o terapéutico). Derivando este concepto de: "El médico no puede considerarse infalible, ni garantizar la recuperación del paciente, más aún cuando la situación es crítica o la sintomatología muy confusa. En estas circunstancias el error no puede ser sinónimo de negligencia."

Hasta aquí lo que sabemos que puede ser el error médico.

Veamos ahora, algunas muestras actuales de errores.

La Joint Comission on Accreditation of Healthcare Organizations en los EE.UU., lanzó el pasado Diciembre de 2001, su segundo alerta en tres años, destinado a reducir el número de errores quirúrgicos en ese país. El primer alerta había fallado y por eso este segundo alerta fue dirigido al público, a los pacientes, pidiéndoles que exigieran al cirujano que marcara claramente el sitio de la futura intervención quirúrgica y, si este no accedía, entonces que lo marcaran ellos mismos. También le pedía a los pacientes que marcaran el sitio donde no debían intervenir. Desde 1966, al menos 150 veces habían sido efectuadas intervenciones quirúrgicas en partes del cuerpo no afectadas, e incluso en el paciente que no era. Según un representante de la American Academy of Orthopaedic Surgeons, sus miembros, en 25 años de práctica quirúrgica tienen 25% de probabilidad de operar en el sitio incorrecto por lo menos una vez.

También es frecuente el error diagnóstico en la epilepsia. Recientemente se determinó, que un porcentaje muy alto de niños y adolescentes eran diagnosticados como epilépticos, basados en el criterio de la pérdida de conciencia y la presencia de anormalidades electroencefalográficas que están presentes y sin explicación en el 20% de los humanos.

¿Pero la apreciación estadística de estos errores, los hace más o menos errores, son más o menos susceptibles de olvido, disimulo, ocultamiento, penalización legal y deontológica?

Desde el punto de vista legal, ni una vez es aceptable.

Aunque los errores nunca desaparecerán de la práctica clínica ni de cualquier otro quehacer humano, los errores, simplemente, no son aceptables. No puede haber tolerancia con el error. Existen, deben ser estudiados y analizados en profundidad, y la meta no puede ser otra que su desaparición. No puede aceptarse una estadística de errores aceptables. El hecho de que sucedan no quiere decir que se acepte su recurrencia. Aceptar tal cosa es negligencia.

Todo error médico deberá ser seguido de una respuesta que introduzca un factor de corrección y prevención en la práctica médica. Los instrumentos con que contamos para tomar esas acciones son las auditorías médicas y las reuniones para el estudio de la morbilidad y la mortalidad.

La evolución y desarrollo de la medicina la ha llevado a ser el resultado de una labor conjunta organizada en forma de equipos, organizaciones y de sistemas de atención médica.

Aunque todavía permanece el criterio de la responsabilidad individual del médico como valor ético, ésta responsabilidad individual que estimula la práctica en solitario, sin embargo, está pasando a ser moralmente inadecuada respecto de la práctica profesional médica, ya que aísla al médico del equipo, de la organización y finalmente del sistema. En este sentido, ya se han dado algunos pasos importantes, como los correspondientes al Grupo Tavistock, quienes, en 1999, emitieron un conjunto de principios y normas éticas aplicables al personal referidor, al asistencial, al médico, al equipo de salud, a las organizaciones y a los sistemas de salud; bajo la premisa global de que todos los actores del servicio prestador de salud, tienen la responsabilidad de ayudar a mejorar la calidad del servicio que prestan.

Este principio ético plantea la evolución de la ética de la responsabilidad individual a una ética que, además, valore la seguridad del paciente y las mejoras en la calidad de la prestación del servicio, y por ende a una responsabilidad, también, en esencia, compartida. Tal situación obliga pues al médico y a todos los estratos de prestación de servicio en que actúa, a adoptar una actitud inquisitiva, de vigilancia constante y de firmeza en las reglas y nor-mas de la prestación de servicio, así como de continua mejora del conocimiento y de la experticia profesional necesaria.

La minimización de la posibilidad de error en cualquiera de las áreas del quehacer médico-quirúrgico, es la meta, la expectativa.

La exigencia puntual, es la divulgación inmediata del error cometido a fin de establecer a la brevedad y con la debida claridad las causas, motivaciones o cadena de eventos que lo condicionaron y reglamentar o disponer y ordenar las secuencias de actos médicos, de tal manera que tal error no vuelva a ocurrir.

La no divulgación del error cometido es en sí una falta grave de respeto a los derechos y deberes para con los enfermos y para con la ciudadanía en general, y, ahora lo sabemos, también para con la Medicina en sí misma y para quienes la practican.

El ocultamiento y el disimulo fue, históricamente, acostumbrado por los médicos, que de esa manera, por siglos, combatieron la vergüenza individual o colectiva y las penas, que basadas en la ley del Talión y otras iguales o peores, les hacían responsables de las consecuencias de sus actos profesionales cuando los resultados no eran los esperados.

Los avances actuales de la medicina y los códigos de derechos humanos vigentes, han traído como consecuencia una más adecuada defensa de los derechos de cada quién y por tanto una apreciación más general y hasta colectiva, del ejercicio médico-quirúrgico que, lógicamente, se vería muy empañada si fuese del conocimiento público que la fraternidad médica más que ser una comunidad de desinteresados y altruistas servidores de los seres humanos en situación de compromiso de su salud, son una sociedad de cómplices que se protegen y encubren en sus errores, en lugar de aprender individual y colectivamente de ellos.

La penalización del error a través de hacer sentir vergüenza, rechazo, exageración de la culpa, sanciones extraordinarias y desproporcionadas, trae como consecuencia, justamente lo que queremos evitar: ocultamiento, disimulo, fingimiento, etc… Que fue, exactamente como vivimos antes, cuando el miedo a la sanción legal impedía el estudio de los porqués y la consecuente corrección generando el circulo inacabable e irrompible que acabamos de describir.

Estamos ante una nueva situación. Nos toca ahora actuar en favor de la mejor y más capaz atención médico-quirúrgica y de la mayor y más contundente satisfacción del paciente. Pero este tendrá que saber, como de hecho sabe, que somos humanos y que de humanos es errar, pero que también somos médicos y de médicos es y será siempre, procurar no errar en sus actos profesionales y si tal cosa sucediese, de ese error saldrá la mejor ayuda a otros, pues entre todos, colectivamente, asumiremos el deber de estudiar lo que sucedió y como evitarlo en el futuro.

(Escrito en Caracas el 7 de noviembre de 2001 y publicado en el Newsletter del American College of Physicians. Reeditado el 6 de marzo de 2011)

No hay comentarios:

Publicar un comentario